El equilibrio incómodo de Jaldo ante una discusión que define poder

Entre la presión de la Casa Rosada y el reordenamiento del peronismo, Jaldo juega a dos puntas. La disputa por las PASO deja al descubierto algo más profundo que una reforma electoral. El equilibrio que hoy sostiene podría volverse difícil de mantener.


La discusión por las PASO dejó de ser un debate técnico o electoral para convertirse en una verdadera pulseada política, y en ese escenario el gobernador Osvaldo Jaldo eligió moverse con cautela. No fue una duda improvisada ni una ambigüedad vacía. Fue, más bien, una estrategia. Durante días evitó definiciones tajantes en público, mientras en privado dejaba trascender su desacuerdo con la eliminación del sistema. Ese doble registro expuso con claridad el lugar en el que intenta pararse: ni ruptura con la Nación ni alineamiento automático.

Ese equilibrio no es casual. Jaldo sabe que hoy forma parte de un grupo de gobernadores que tienen la llave de votaciones clave en el Congreso. Esa posición le otorga margen de maniobra, pero también lo obliga a administrar cada gesto. En ese contexto, su propuesta de mantener las PASO sin financiamiento estatal y solo en caso de internas no es una salida intermedia ingenua. Es una jugada política que busca responder al argumento central del oficialismo nacional (el gasto público) sin resignar una herramienta que históricamente ordenó la vida interna de los partidos.

Detrás de esa postura hay, además, una lectura estrictamente local. En Tucumán, eliminar las primarias podría alterar el equilibrio interno del peronismo y, sobre todo, potenciar el efecto arrastre de una figura nacional como Javier Milei. Jaldo no lo dice de forma explícita, pero su rechazo a la unificación de categorías en la Boleta Única de Papel va en la misma dirección. Defiende la posibilidad de que el votante corte boleta, que diferencie, que no quede atado a una lógica vertical. En términos políticos, está defendiendo su propio margen de control sobre el armado electoral.


Pero también hay un mensaje hacia adentro. Cuando insiste en que quienes quieran competir deben hacerlo en internas, le está hablando directamente a los sectores del peronismo que podrían disputarle poder. No parece dispuesto a repetir esquemas de negociación amplios como los de otros momentos. La interna, en ese sentido, deja de ser solo un mecanismo democrático para convertirse en una herramienta de disciplinamiento.

Lo que aparece como una discusión institucional es, en realidad, una síntesis de tensiones más profundas. La relación con la Casa Rosada, el reordenamiento del peronismo nacional, el avance de La Libertad Avanza y las propias disputas locales se cruzan en un mismo punto. Por eso, la posición de Jaldo no puede leerse únicamente en clave electoral. Es también una forma de administrar tiempos en un escenario incierto.

En su entorno lo reconocen sin rodeos. El equilibrio actual tiene fecha de vencimiento. A medida que se acerquen las elecciones y se profundicen las diferencias con el Gobierno nacional, sostener esa posición intermedia será cada vez más difícil. Sobre todo si, como anticipan, el vínculo con la Nación empieza a tensarse por cuestiones económicas y políticas.

Mientras tanto, el oficialismo provincial también enfrenta ruidos internos. Las tensiones en la Legislatura, los llamados al orden del vicegobernador y los cruces que se filtran en las sesiones muestran que la cohesión no es total. Son señales que, aunque todavía controladas, reflejan un clima que puede complejizarse.

En ese contexto, la incomodidad inicial de Jaldo no desapareció. Cambió de forma. Se transformó en movimiento, en cálculo, en una estrategia que le permite ganar tiempo en un tablero cada vez más exigente. Pero la política no suele conceder demasiado margen para las posiciones intermedias. Y cuando llegue el momento de definiciones más duras, ese equilibrio que hoy le permite negociar podría convertirse en su principal límite.