En el marco del 216° aniversario de la Revolución de Mayo, la homilía del tradicional Tedeum en Tucumán dejó un mensaje con fuerte contenido social y político, centrado en la necesidad de construir una sociedad más inclusiva y comprometida con el bien común.
El encargado de pronunciar el mensaje fue el obispo auxiliar Roberto José Ferrari, quien apeló a los valores fundacionales de la Nación y planteó una reflexión profunda sobre las deudas pendientes de la democracia. “No terminará de ser plena mientras haya hermanos al costado del camino”, expresó.
En un discurso atravesado por referencias históricas y religiosas, Ferrari vinculó el espíritu de la Revolución de Mayo con la urgencia del presente: tomar decisiones, actuar y asumir responsabilidades. En ese sentido, sostuvo que es necesario mirar la realidad “desde las periferias”, donde se hacen más visibles las desigualdades.
Uno de los ejes centrales fue la visibilización de los sectores más vulnerables. El obispo enumeró los “gritos” que atraviesan hoy la sociedad: jubilados, personas con discapacidad, universitarios, desocupados y quienes no encuentran un horizonte. “Son voces que muchas veces molestan, pero que deben ser escuchadas”, afirmó.
A partir de una escena del Evangelio, planteó una serie de actitudes clave tanto para la dirigencia como para la sociedad: detenerse, escuchar, dialogar y actuar. En esa línea, advirtió sobre los riesgos de la descalificación y las palabras agresivas, y promovió una convivencia basada en el respeto, incluso entre quienes piensan distinto.
“El diálogo auténtico acerca posiciones y permite construir algo superador”, sostuvo, al tiempo que cuestionó las lógicas de confrontación. “Podemos ser adversarios, pero nunca enemigos”, remarcó.
La homilía también hizo foco en valores esenciales para el futuro del país: la solidaridad, la inclusión, el encuentro y la capacidad de ceder en pos del bien común. Sobre este último punto, utilizó una metáfora concreta: “Ceder no es perder; es como dar paso a una ambulancia para salvar una vida”.
En el tramo final, Ferrari reivindicó la identidad nacional y llamó a cuidar los valores que dieron origen a la Argentina. “No somos un país insulso, somos un país apasionado, porque solo apasiona lo que se ama”, expresó.
El mensaje cerró con una exhortación directa: cuidar la Patria implica no dejar a nadie atrás y fortalecer una democracia más participativa, donde todos tengan lugar.


