San Martín de Tucumán estaba contra las cuerdas, con el Reducido cada vez más lejos y la sensación de que la temporada podía terminar antes de lo esperado. Perdía 2-0 frente a Midland y el panorama era desolador. Sin embargo, protagonizó una remontada inolvidable, ganó 3-2 y devolvió la ilusión a sus hinchas, que abandonaron La Ciudadela entre la locura y la euforia.
Los goles de Isaías Andrada y Genaro Cepeda habían colocado al equipo de Alejandro Orfila frente a un escenario conocido durante esta temporada: correr desde atrás, convivir con sus errores y quedar expuesto a sus propias limitaciones. Pero esta vez hubo una reacción que cambió por completo la historia del partido. A los 78 minutos, Matías “Caco” García descontó con un remate espectacular. A los 85, Bruno Cabrera marcó el empate y, a los 92, completó la remontada para desatar el festejo.
La victoria vale mucho más que tres puntos por el momento en que llega. San Martín parecía condenado a mirar el Reducido desde afuera, pero ahora quedó a dos unidades de la zona de clasificación, con seis puntos todavía por disputar. La cuenta sigue siendo exigente y ya no depende únicamente de sus resultados, pero la posibilidad de pelear volvió a existir. En un equipo que tantas veces pareció quedarse sin respuestas, recuperar la esperanza también es un mérito.
Orfila, bajo la lupa
La remontada, sin embargo, no puede ocultar las dudas que persisten en el funcionamiento del equipo. Alejandro Orfila volvió a quedar bajo cuestionamiento por el armado y el planteo inicial, con decisiones que generan interrogantes en un tramo decisivo de la temporada. Santiago Briñone, Agustín Graneros y Gabriel Carabajal continúan entre los titulares pese a que les cuesta encontrar regularidad, mientras que la decisión de arriesgar a Alan Cisnero, que no estaba en plenitud física, terminó con el jugador fuera de la cancha después de apenas media hora.
En un equipo obligado a ganar para sostener sus aspiraciones, cada elección tiene un peso determinante. Los errores de lectura pueden costar puntos y complicar todavía más una campaña que estuvo marcada por la irregularidad. Por eso, aunque el resultado invita al festejo, el entrenador todavía debe encontrar respuestas para que el equipo no vuelva a quedar condicionado desde el comienzo.
También queda una pregunta inevitable: ¿cómo puede “Caco” García ser suplente en este San Martín? Su ingreso cambió el partido. No se limitó a marcar el descuento con un remate extraordinario: asumió el protagonismo, empujó a sus compañeros y transmitió la convicción que el equipo necesitaba cuando el resultado parecía sentenciado. Su actuación obliga a revisar qué lugar debe ocupar en la formación de cara a los últimos encuentros.
Dos finales para sostener la ilusión
San Martín ganó porque sus jugadores se negaron a rendirse. Con el marcador en contra y el reloj como enemigo, encontraron fuerzas para insistir hasta conseguir una victoria que parecía imposible. La épica estuvo en los tres goles, pero también en la decisión de seguir buscando cuando el partido se escapaba.
De todos modos, el equipo sigue siendo irregular, vulnerable y difícil de descifrar. Las críticas al funcionamiento futbolístico conviven con el malestar de un sector del mundo sanmartiniano por decisiones arbitrales y disciplinarias que alimentan una sensación de desprotección frente a la AFA. Sin embargo, esa discusión institucional no puede reemplazar la necesidad de revisar los errores propios y mejorar el rendimiento dentro de la cancha.
El “Santo” tiene dos partidos por delante y seis puntos en juego. Necesita sostener el envión, corregir sus falencias y dejar de regalar tiempo si pretende llegar con chances a la definición. La remontada frente a Midland no garantiza la clasificación, pero puede marcar un cambio de ánimo en un plantel que parecía haber perdido la confianza.
San Martín estuvo al borde del abismo y eligió pelear. Ahora debe demostrar que esta tarde heroica no fue un episodio aislado, sino el comienzo de un cierre a la altura de su historia. La ilusión volvió a La Ciudadela; el desafío es convertirla en resultados.


