El cementerio de Famaillá, destinado a ser un espacio de recogimiento y memoria, muestra hoy un cuadro que contrasta con esa vocación. Las imágenes que circulan —veredas anegadas, nichos con agua acumulada y sectores por momentos inaccesibles— transmiten una sensación de abandono y vulnerabilidad que excede el efecto inmediato de una lluvia intensa.
Para quienes visitan las tumbas de sus seres queridos, la experiencia ya no es únicamente íntima: se vuelve una jornada de angustia e impotencia. El agua estancada no sólo dificulta el tránsito y la preservación de lápidas y coronas, sino que parece simbolizar la suspensión de un deber ciudadano: el de garantizar que los lugares destinados al duelo conserven la dignidad de quienes allí descansan.Ver másCobertura deportesClases de periodismo digitalGuía espectáculos
Si bien los factores climáticos —lluvias atípicas y la elevación de las napas freáticas en varias zonas— ayudan a explicar la presencia de agua en el predio, reducir el problema a esas causas sería una simplificación peligrosa. El señalamiento recurrente por parte de vecinos y visitantes apunta también a la planificación urbana y al diseño del propio cementerio: sistemas de desagüe insuficientes, falta de mantenimiento de cámaras y cunetas, y ausencia de obras de contención que podrían mitigar el impacto hídrico.
La preocupación trasciende lo estético o lo patrimonial. En varias versiones, los testigos hablan de la posible mezcla de líquidos cloacales con el agua acumulada dentro del cementerio, un factor que introduce riesgos sanitarios y agrede la dignidad humana. La presencia de agua contaminada en un lugar de tránsito frecuente —para funerales, visitas y tareas de conservación— plantea interrogantes serios sobre la salubridad y la responsabilidad institucional.
Ante este panorama, los reclamos de la comunidad son previsibles: intervenciones técnicas para mejorar el drenaje, limpieza y desinfección periódica, revisiones estructurales de las bóvedas y nichos, y un plan de emergencia que contemple escenarios de lluvia intensa. También surge la demanda de transparencia: conocer qué trabajos se han realizado en los últimos años, qué partidas presupuestarias se asignaron y cuáles son los proyectos a mediano plazo para evitar la recurrencia de estas condiciones.
El cuidado de los cementerios no es un asunto menor. Su mantenimiento refleja la forma en que una comunidad honra su pasado y protege la memoria colectiva. En Famaillá, devolver al camposanto su condición de lugar de paz implica no sólo arreglar caños o limpiar canales, sino asumir una política urbana que integre prevención, mantenimiento y respeto por quienes visitan y descansan allí.
Es necesario, en definitiva, que las autoridades locales atiendan con celeridad y transparencia la situación, coordinando acciones con especialistas en obras hidráulicas y sanidad pública. Sólo así podrá restituirse a ese espacio la dignidad básica que exige la convivencia civil y el cuidado de la memoria.
Fuente: Los Primeros TV




