La jornada legislativa del cierre de semana en Tucumán tuvo un fuerte contenido simbólico y político con el regreso de Juan Manzur al edificio de la calle Muñecas al 900. El motivo formal fue la presentación de “Mi Carrera en el Estado”, la obra de Eduardo Garvich, quien se desempeñó como ministro de Economía durante las dos gestiones del exgobernador entre 2015 y 2023.
Sin embargo, más allá del evento institucional, el dato saliente fue el reencuentro público entre Manzur y el actual presidente de la Legislatura, Miguel Acevedo. Ambos compartieron lugares destacados en el auditorio, en una imagen que no pasó inadvertida en medio de las tensiones internas que atraviesa el peronismo tucumano.
Acevedo, identificado históricamente como un dirigente del núcleo duro del manzurismo, fue una pieza clave en el armado de la unidad partidaria del año pasado, que permitió evitar una fractura en el PJ local. Aquel acuerdo logró contener diferencias entre el sector que responde a Manzur y el espacio que hoy encabeza Osvaldo Jaldo, aunque en la actualidad esas tensiones resurgen.
El trasfondo político se complejiza por el perfil dialoguista que viene consolidando el gobernador con la Casa Rosada. Esa estrategia es observada con recelo por el sector más cercano a Manzur, que mantiene una postura más crítica frente al gobierno nacional.
En ese escenario, el evento funcionó como una suerte de recordatorio de antiguas lealtades, aunque bajo una puesta en escena estrictamente protocolar. La presencia del economista tucumano Ricardo Arriazu sumó otro elemento de contraste: se trata de uno de los analistas más cercanos a Javier Milei, con una visión económica distante de los postulados históricos del peronismo más ortodoxo.
Pese a la cordialidad exhibida durante el encuentro, Acevedo mantuvo un tono institucional en su comunicación pública. En sus redes sociales destacó la figura de Garvich, la organización del evento —a cargo de Teté Coustarot— y el nivel de los expositores, entre ellos el periodista Marcelo Aguaysol.
Sin embargo, evitó mencionar explícitamente a Manzur, a pesar de que las imágenes oficiales los muestran juntos y en sintonía. La omisión no pasó desapercibida y fue interpretada como un gesto político en un contexto donde, como admitió el propio Jaldo, “no sobra nadie”.
Así, entre silencios, gestos y reencuentros, la foto entre Manzur y Acevedo volvió a poner en evidencia el delicado equilibrio interno del oficialismo tucumano, atravesado por estrategias divergentes y liderazgos en tensión.




